Champaña Extra Gourmet

Lunes, 15 Septiembre   

Cuenta la leyenda que en el siglo XIII, el entonces conde de Champagne Teobaldo IV, apodado ‘Le Chansonier’, puso sus ojos pecadores en Blanca de Castilla, reina de Francia, esposa de Luis VIII y madre de Luis IX, al que hoy conocemos como san Luis rey de Francia.

El rey que acabó en los altares, enterado del asunto, ordenó al enamoradizo Teobaldo partir de inmediato a la Cruzada; el rey francés participó en las dos últimas, hasta que halló la muerte, en 1270, durante el sitio de Túnez. Enviar a alguien a las cruzadas era, poco más o menos, condenarlo a muerte, ya que pocos eran los caballeros cruzados que regresaban a la patria.

Nuestro Teobaldo fue uno de los afortunados. Bien es verdad que el regreso le llevó algún tiempo, aunque no tanto como el que invirtió Ulises en regresar a Ítaca tras la guerra de Troya.

En ese viaje desde Palestina a Francia recaló en la isla de Chipre, en la que encontró una variedad de uva que debió de parecerle extraordinaria, porque se la llevó a su tierra. Esa uva sería la que hoy conocemos como Chardonnay.

Teobaldo llevó a la Champagne la que hoy se considera, unánimemente, la mejor uva blanca vinificable del mundo, una de las tres clásicas que entran en la elaboración del champaña; y la única blanca, porque las otras dos son tintas, la Pinot Noir y la Pinot Meunier.

De todos modos, los vinos de la Champagne tardarían aún bastante tiempo en ser como son hoy.

Pero el bueno de Teobaldo debió pasar, para regresar a su condado, por la Borgoña. Es curioso que las zonas vinícolas más importantes de Francia tardaron bastante en integrarse en la corona francesa: la Champagne tenía sus condes, Burdeos era ‘propiedad’ británica y en la Borgoña, cuyo gobernante era duque, el único rey reconocido era el vino.


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